EL PATRIMONIO INTANGIBLE Y LOS ITINERARIOS CULTURALES EN UN CONTEXTO UNIVERSAL


Carlos Mesén Rees  

(Costa Rica)

Cuando decimos universal estamos haciendo una afirmación incluyente, es decir, que al depositar en este caso, a todas las manifestaciones posibles del género humano  y en distintas épocas,  nos enfrentamos de alguna manera al devenir de lo que la humanidad,  se enfrentará.

            Sin embargo y a pesar de la mundialización que apenas comenzamos a vivir y de lo estandarizado  que pretende ser la misma, por y para los intereses de una falsa economía que lo rigen y que en realidad no economiza nada, por lo contrario, pretende volvernos dependientes y consumistas  de bienes y servicios en gran medida producto de los medios masivos de la comunicación y la publicidad.

 Es entonces en el manejo de la identidad cultural cuando  todavía nos queda la esperanza de reafirmar el respeto a lo particular, en ese sentido se debe procurar el diálogo cultural con otros pueblos y no la imposición ni la intolerancia.

El desarrollo humano no hubiera sido posible sin la comunicación y entendimiento entre los pueblos. Y con ello la creación de las rutas y los itinerarios que tendieron los puentes de comunicación e intercambio entre ellos.

Y fue precisamente a través de estas rutas donde hombres y mujeres se entremezclaron creándose entonces la diversidad cultural y la diáspora, con identidades compartidas y de distintos matices, pero a la vez identidades locales propias como lo fue entonces en el caso iberoamericano, de donde surgieron como encuentro de dos culturas, entre otras  cosas  el patrimonio cultural construido y el patrimonio intangible.

El mundo, nuestro mundo,  mediante las rutas comerciales, culturales y turísticas que  se fueron formando como parte del intercambio entre los países y continentes le dieron otra imagen al conocimiento de nosotros mismos.

 Los antiguos viajeros contaban de sus itinerarios en base a sus propias experiencias, miedos y prejuicios, pero con ellos vinieron también  el intercambio de experiencias, bienes y costumbres.

Que sería del la cocina italiana sin el tomate que aporto Mesoamérica? Que sería de los alemanes sin las papas que aportaron los Andes? O que sería de Suiza sin el chocolate del trópico americano?  Pero a la vez, que sería de Italia sin la pasta china o que sería de los ingleses sin el te, o nosotros sin el café venido de Arabia? O Europa sin las especies venidas de la India?

Todos y cada uno de los pueblos han aportado conocimiento y cultura que a manera de efecto multiplicador se han ido  introduciendo por entre la humanidad adoptando formas y características propias.

La humanidad a través de los siglos ha ido  intercambiando sus beneficios no solo culinarios y materiales sino también de costumbres y tradiciones, las cuales ha aprehendido e incorporado, y ha dado en muchos casos devoluciones con valor agregado.

En cuanto al patrimonio cultural y en particular el arquitectónico las soluciones constructivas se fueron adaptando por milenios de región en región. La casa de adobe americana nos vino de España y esta a su vez del mundo árabe que se desarrollo en el sur de de la península, en particular en el mundo Andaluz. Pero que sería de esos espacios blancos y frescos sin la música, sin los alimentos y sin la palabra. Lo intangible es el complemento.

La casa de adobe en la América Central, y en particular en mi país, Costa Rica,  se trasformó en la casa de corredores a la calle y patios húmedos y frescos en el centro.

 Y como bien lo menciona mi compatriota Guillermo Barzuna, en su libro Caserón de teja:

 La arquitectura mestiza originaria, doméstica, además de estética……nació unida a la vida social, comunitaria.

 En la construcción de una casa  participaban los amigos y el pueblo en general preparando la tierra, escogiendo el zacate, pisando los pisos, amalgamando materiales, tiñendo con ocres la cal.

 Materiales terrestres para un pueblo de raíces indígenas centenarias profundamente telúricas, portador y amante de la bondad desinteresada de la tierra

 La arquitectura  de las  Misiones Católicas en América, tiene presencia desde el sur de los Estados Unidos hasta la Argentina,  y ésta es otra de las manifestaciones tangibles de  una identidad cultural compartida.

 Las rutas de tierra adentro, las rutas comerciales y las de peregrinación entre las basílicas y templos forman parte de la red de lazos de unión  y fraternidad entre sitios y poblaciones.

  Representan  sin duda alguna  en la Arquitectura Religiosa y el Arte Sacro los documentos que mayor número de manifestaciones artísticas han dado a la humanidad, y en el cual el patrimonio intangible ha  basado y desarrollado sus particularidades.

 En un  inmenso y rico sincretismo místico  entre blancos, negros e indígenas, todo mezclado.

Cuando los Vikingos se echaron a la mar y tocaron fronteras mas allá de lo  hasta entonces conocido, no se imaginaban quizás el verdadero inicio de la globalización, no se lo imaginó Colón, y quizás ni siquiera Felipe II cuando en su imperio  se decía no ponerse el  sol.

Porque de ahí en adelante el mundo conocido ya no sería el mismo. Hasta que hoy en nuestros días y gracias a los avances tecnológicos el mundo entero puede estar en nuestras manos. El mundo está en el teclado de nuestra computadora y ya ni siquiera pensamos en las distancias y el tiempo porque todo puede estar ahí y al alcance de todos.

Pero, … a pesar de todo esto, cuando volvemos la cara hacia atrás en el tiempo y pensamos que aunque podamos hoy hacer la Ruta de Santiago Apóstol en España, visitar los Museos del Vaticano, o hacer un fascinante viaje por el Tibet, el Mundo Maya o las islas Fiji por Internet, lo virtual nos dejó sin olfato sin las sensaciones del aire y el sol sobre la piel y la adrenalina no corre mas con la misma fuerza por las venas.

Y es ahí donde lo intangible recobra valor, porque todavía la tecnología no nos permite ni creo que nos permitirá además de las sensaciones antes mencionadas, ver la espontaneidad de una respuesta inteligente del indígena Maya o la sensación de escala y proporción del vaticano cuando lo caminamos por entre sus rincones, el  olor del mar en Fiji o el aroma y sabor de una comida en la India.

En nuestros días los itinerarios Culturales y el Turismo Cultural aparecen íntimamente relacionados entre sí. Uno es consecuencia del otro y en efecto en gran parte el turismo cultural no sería posible sin los itinerarios.

De ahí el gran valor socio económico que  posee este recurso cultural para los que de alguna manera están relacionados con él y de esta importante industria sin chimeneas que es rentable especialmente en países donde sus recursos principales son los culturales.

Comunidades y países pueden ser beneficiados gracias al establecimiento sostenible de rutas culturales ellos, lo importante en esto es, primero hacer saber a los habitantes de cada región potencialmente rica en posibilidades de establecer una actividad turística, del valor de sus bienes culturales y lo efímeros que pueden resultar si no se administran de manera inteligente y programada.

El beneficio que el turismo cultural puede traernos basado en los itinerarios y los servicios complementarios es sin duda alguna una parte de  la solución  al problema económico, abandono, y pobreza de muchas de nuestras comunidades.

En el contexto universal ya no es válida la idea de seres y países  individualizados, somos grupos culturales unidos por identidades comunes e intereses compartidos. Hemos comenzado una marcha sin retroceso,  hacia un mundo nuevo y nuestro mejor derrotero será  entonces, revalorar nuestra propia identidad y mantener firme nuestros principios como individuos, y como grupo cultural, que son además  los  mismos principios que compartimos con toda seguridad  la gran mayoría  de los aquí presentes.

 

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